No puedo por menos que descargar mi malestar en mi bitácora. No sé si es correcto decir malestar o mejor vergüenza e indignación. Eso es lo que he sentido esta tarde viendo la ceremonia de los Juegos Olímpicos, y que he dejado de ver para no acabarme de poner enferma ante el despliegue humano y sobre todo el derroche que supone semejante manifestación.
Entiendo que un país con más de mil millones de habitantes se puede permitir el lujo de poner en escena unos cuantos miles; pero opino que ni éste ni ningún otro país debería hacer un alarde de poder, porque lo de esta tarde ha sido sobre todo un alarde de poder en todas las vertientes.
Si a esto le sumamos que en China hay muchos millones de personas que viven en la miseria y otros muchos millones que son explotados como máquinas humanas de producción, lo de esta tarde es una humillación más para esa población desfavorecida y para todos los pueblos y personas que en el Planeta no tienen el mínimo para vivir en su calidad de humanos.
Es evidente que se ha pretendido asombrar al mundo y puede que así haya sido en su mayor parte, pero también somos muchos los que nos hemos indignado y sentido vergüenza ante tamaño derroche. Y ésta es la pregunta que llevo haciéndome toda la tarde ¿Es necesario todo esto para celebrar unos juegos olímpicos? ¿Alguien se acuerda de que los griegos, "los padres de la criatura", durante el tiempo que duraban los juegos firmaban una tregua de paz y las guerras se suspendían?